"Faccio del mio meglio per lasciare il mondo un po' migliore di come l'ho trovato" – "I am doing my best to leave the world a little better than I found it" – "Hago lo que de mi dependa para dejar el mundo un poco mejor"
Este año he vuelto a montar el Pesebre con las mismas figuras de yeso con las que lo montaba de niño. Cuando coloqué al Niño «envuelto en pañales, acostado en un pesebre», sentí frío, el frío de la Humanidad abrumada por el odio y la violencia del poder y del dinero. El frío de la guerra, de todas las guerras. El frío de la Naturaleza ultrajada y saqueada. El frío del sufrimiento. Entonces cobijé al Niño con una manta de solidaridad con su tierra y su pueblo, hoy sin embargo símbolo de solidaridad con toda la Humanidad que sufre. Ese Niño nacido pobre en Palestina ayer como hoy, nos pide paz y justicia.
Paz para la humanidad, Paz con la Naturaleza, Paz en nuestros corazones.
Con Dominique Bénard, podemos anunciar con orgullo la publicación de nuestro libro «Diálogos sobre el Escultismo» ¡ahora también en español! (Seguirá las versión en papel y la versión en francés).
La idea del libro surgió durante una excursión por los Alpes de Chablais, cerca de donde vive Dominique, en los Alpes franceses. Hablamos de las pocas referencias al Método Scout en los libros de pedagogía y de la relativa falta de conocimiento e interacción con otros métodos pedagógicos en el Escultismo. A partir de esta conversación y de otras reflexiones sobre el contexto organizativo del Escultismo y sobre cómo las organizaciones pueden servir mejor a su misión y a los valores sobre los que se fundaron, entablamos un diálogo escrito sobre nuestra experiencia en el Escultismo y su impacto en nuestro desarrollo personal y profesional. Más tarde decidimos organizar estas reflexiones en un libro.
¡Puedes comprar el libro en versión electrónica aqui !
Esperamos sus comentarios y, con suerte, un animado debate en muchos grupos Scouts y Asociaciones Nacionales .
Una reinterpretación de su experiencia como médico en los primeros años de la revolución sandinista, que adquiere nueva relevancia en un momento de la historia en el que Nicaragua vuelve a vivir bajo el terror de la dictadura y a sufrir la represión del nuevo régimen dirigido por quienes en aquellos apasionantes años habían guiado el proceso revolucionario, para luego traicionar la ética revolucionaria y con ella a miles de jóvenes que llegaron de todo el mundo a echar una mano en la construcción de la utopía.
El libro transmite un mensaje: «Es posible emprender nuevos caminos, pero debemos estar preparados individual y colectivamente para enfrentarnos a obstáculos, traiciones y derrotas. Pero siempre dispuestos a volver a empezar sin perder de vista el objetivo que da sentido al camino recorrido y al que nos queda por delante. «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Prepárate para una lectura fascinante.
Más de un millar de profesionales de la salud se han sumado a la moratoria promovida por las asociaciones de la Red Sostenibilidad y Salud (RSS) -de la que forma parte la asociación saluteglobale.it de la cual soy miembro – pidiendo que no se ponga en marcha la vacunación anti-Covid para los niños. El llamado de la RSS sigue a otros similares de 93 médicos israelíes y 40 investigadores del Reino Unido.
En una entrevista al periódico ilFattoQuotidiano.it publicada el 26 de mayo he explicado por qué no se debe proceder a la vacunación anti-Covid-19 de los niños.
En la entrevista antes que todo recordé que cuando atendí a la población de Nicaragua -como médico voluntario en la cooperación internacional- también participé en campañas de vacunación (en la foto) y más tarde, como funcionario de Unicef promoví la vacunación infantil con esa organización. Así que cualquier sospecha de que yo pueda ser genéricamente un «no-vax» debe ser inmediatamente disipada.
Lo mismo se aplica a la Red de Sostenibilidad y Salud. Más que no-vax nos interesa examinar con rigor científico las principales cuestiones de salud pública: si acaso, en relación a las vacunas somos Info-vax.
Pedimos un debate científico abierto y libre, que actualmente está reprimido. Nos encontramos ante una actitud dogmática y unilateral con mucha ciencia que por diferentes motivos (¿narcisismo? ¿Conveniencia? ¿Carrera?) aparece de diferentes maneras asociada a la política (y quizás no sólo a la política, dados los múltiples conflictos de intereses que se individuan si se van a examinar las publicaciones científicas sobre ensayos de vacunas).
En cambio, debemos aprovechar la oportunidad, como nos dice Edgar Morin, «para comprender que la ciencia no tiene un repertorio de verdades absolutas» y que «las controversias, lejos de ser anomalías, son necesarias para el progreso de la ciencia».
La RSS y los firmantes de la Moratoria piden que no se vacune a los niños por al menos tres razones:
– Los niños tienen un riesgo mínimo de Covid, a partir de los 18 años el riesgo para los más pequeños es insignificante. Los datos del Istituto Superiore di Sanità (el Instituto nacional de salud píublica italiano) también lo demuestran.
– También sabemos que la vacuna protege de la enfermedad a quienes la reciben, y reduce pero no evita la infección y la posibilidad de infectar a otros.
– Los niños no son una fuente de contagio significativa para los adultos, es especialmente cierto lo contrario.
No son pocas las incógnitas sobre las vacunas Covid. Si se puede justificar la vacunación de las categorías de mayor riesgo, no se puede justificar la vacunación de masa y menos en edad pediátrica.
El riesgo de contraer Covid19 en los niños es decididamente reducido -como nos muestran las curvas epidémicas- frente a potenciales riesgos desconocidos, a largo plazo o a gran escala, derivados de la inoculación de productos transgénicos (además introducidos en el mercado sin haber completado la fase 3 de experimentación) en el organismo de los niños, que evoluciona rápidamente. El principio de precaución es más importante que nunca en la infancia.
Dos pesebres hechos a mano. Uno hecho de lata cortada y coloreado, mexicano, el otro tallado en madera, de Ruanda. Ambos hechos a mano por manos infantiles, con las flores que he recogido hoy para adornarlos. Nos recuerdan el verdadero espíritu y mensaje de la Santa Navidad del Cristianismo: simplicidad, esencialidad, solidaridad que expresa el amor a la humanidad – no genérico, sino concreto, diario, expresado en cada persona – y respeto a la Madre Tierra. Los ingredientes fundamentales de nuestra salvación. Que entonces son universales, no pertenecen sólo a la Navidad cristiana, son los valores del Renacer en cualquier cultura.
¡Deseo a todas y todos una serena y santa Navidad!
En la lucha contra la epidemia de la CO- VID-19 el principal objetivo ha sido “aplanar la curva”, o sea, evitar que la concentración de enfermos que requieren hospitalización y cuidados intensivos rebase la capacidad de las infraestructuras hospitalarias existentes. A pesar de la conversión de muchos hospitales en estructuras dedicadas específicamente al tra- tamiento de pacientes afectados por COVID-19 y el rápido levantamiento de nuevas instalaciones, el nivel hospitalario del sistema de salud finalmente ha sufrido un desborde; muchos hospitales se han convertido en focos de contagio alejando de la atención médica a importantes grupos de pacientes crónicos y quirúrgicos. La experiencia sugiere que centrando la respuesta en el primer nivel de atención y el aislamiento precoz de los contagios a nivel de la comunidad, se logra reducir la sobrecarga de los hospitales y la mortalidad.
En la mayoría de los países de América Latina y el Caribe la salud es reconocida como un derecho constitucional; sin embargo, a estos enunciados no corresponde siempre una efectiva prioridad asignada al sector salud.
Con pocas excepciones, la prioridad atribuida a la salud y a sus determinantes, así como el gasto público en salud, ha sido persistentemente baja. Las políticas públicas neoliberales de austeridad, recortes presupuestarios y privatizaciones han limitado sistemáticamente el desarrollo de sistemas públicos de salud y protección social, incrementando las desigualdades y obstaculizando la solución de problemas históricos que la pandemia está poniendo al descubierto y agudizando.
Entre otras falencias que reducen la capacidad de los sistemas de salud de responder a las necesidades de la población frente a las grandes emergencias de salud pública sobresalen la fragmentación y segmentación del sector, su inadecuada rectoría y una débil articulación con otros sectores. Los recursos humanos en salud son insuficientes y su preparación raramente responde a las realidades socioeconómicas y culturales de los países. Hay profundas inequidades en su disponibilidad entre los niveles de atención, entre los sectores público y privado y entre áreas urbanas y rurales. La precariedad en las condiciones de trabajo y los escasos incentivos han impedido la expansión de los servicios, sobre todo de atención primaria, fomentado además la migración del personal de sanitario.
La diversidad de los sistemas de salud y protección social de América Latina se ha reflejado también en la respuesta de los países frente a la emergencia. Análisis llevados a cabo en la región, buscando también retener lecciones aprendidas en Europa, han evidenciado que la eficacia de la respuesta depende de la capacidad de los sistemas de salud para actuar de manera unitaria y coordinada, de acuerdo con planes nacionales de alcance sistémico.
En América Latina los países que mejor respondieron a la pandemia fueron aquellos con sistemas de salud públicos, universales y con un buen primer nivel de atención, dotados de los recursos humanos y suministros necesarios, y que fueron capaces de una respuesta unitaria e integral, convocando a todos los actores de la sociedad, con una sólida estrategia comunica- cional coherente hacia la población, como en los casos paradigmáticos de Cuba y Uruguay. Tener una población bien informada y con adecuada protección social permitió una cuarentena prolongada y efectiva en el control de la epidemia.
No fue el caso de Brasil, que, aunque tenga un sistema nacional de salud con un acceso universal, integral y gratuito, no implementó una respuesta coordinada de la salud pública. La población recibió mensajes contradictorios, lo que afectó los niveles de cumplimiento y la capacidad del país para contener la propagación del virus.
Tres esferas estratégicas a mediano y largo plazo han sido identificadas para la recupera- ción de los sistemas sanitarios y la construc- ción de sociedades humanas que prioricen la salud: 1) promover la cohesión social y una economía inclusiva y sostenible; 2) priorizar la inversión en salud y el desarrollo social y 3) transformar y fortalecer los sistemas de salud para garantizar la preparación frente a las ame- nazas externas y asegurar el acceso universal a la sanidad.
Transversal a esas líneas estratégicas es la acción sobre los determinantes de la salud. La efectiva sostenibilidad de los objetivos de desarrollo y de los sistemas sanitarios requiere, entre otros, de un drástico cambio del actual modelo de consumos, a partir del sistema alimentario y de producción. Las políticas nacionales y globales deben priorizar la salud sobre los indicadores económicos, asegurando la re- gulación del mercado para reducir la exposición de la población a toda clase de contaminantes ambientales y favorecer una alimentación y estilos de vida sanos. Es indispensable reducir la incidencia de enfermedades crónicas, que por un lado sobrecargan los sistemas de salud y, por otro, son un cofactor de elevada mortalidad en epidemias.
Sin menoscabar la importancia de los servicios hospitalarios y de cuidados intensivos en los casos de pacientes muy graves, para que los servicios de salud estén en grado de enfrentar riesgos como epidemias, mucho dependerá del trabajo en las comunidades locales y del primer nivel de atención.
Se necesita urgentemente pasar de los modelos de atención centrados en el paciente a un enfoque de sistema comunitario, con un énfasis específico en la atención domiciliaria. Frente a brotes epidémicos la regla es el rastreo proactivo de potenciales positivos y sus contactos, asegurando la cuarentena de los que resulten positivos, enfatizando el diagnóstico y el cuidado en casa. Naturalmente para eso es indispensable reorientar y privilegiar la formación del personal de salud hacia la atención primaria y fortalecer ese nivel de atención.
Es a nivel del territorio que los servicios de salud se articulan mejor con las demás instituciones y actores sociales, creando espacios de consenso, alistando reservas estratégicas de insumos (por ejemplo cubre-bocas y otros equipos de protección personal), asegurando la eficacia de la estrategia comunicacional. Es también a nivel del territorio que se construye la integralidad de la respuesta, con la organización de las comunidades alrededor de objetivos de economía solidaria, de la valorización de los recursos y competencias locales, de educación y de servicios sociales que valoricen la salud como bien común, para construir ambientes y comportamientos saludables. La organización y la participación comunitaria representan desde siempre la base de la preparación a las emergencias y la premisa de una respuesta eficaz.
La Agenda 2030 firmada por los Jefes de Estado y de Gobierno en 2015 estableció 17 objetivos de desarrollo sostenible indivisibles y universales y 169 metas. Entre otras cosas, la Agenda 2030 propone lograr un «crecimiento sostenible, inclusivo y sostenido» (ODS 8), de hecho un oxímoron debido a los «límites del crecimiento» en un ecosistema finito.
El ODS 3, «Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos en todas las edades», incluía, entre otras, la meta «3.8: lograr la cobertura sanitaria universal».
Además de representar una regresión sustancial con respecto a la estrategia original de la OMS de atención primaria de la salud (APS), en la que se abordaban, entre otros, los determinantes sociales y económicos de la salud, se considera que la meta de la APS y el ODS3 son inalcanzables debido al constante aumento de la demanda, por un lado, y a la inadecuada oferta de servicios de salud, por otro, ambos determinados en gran medida por factores ajenos al sector de la salud y vinculados al actual modelo hegemónico de desarrollo definido por un insostenible crecimiento.
Centrándonos en el modelo de atención de la salud y la generación de sus recursos humanos, destacamos cómo ambos se mantuvieron en su mayor parte anclados en modelos estandarizados y, hoy en día, globalizados, centrados en los hospitales biomédicos, que son inadecuados para satisfacer las necesidades y expectativas de salud de la población.
A continuación, sugerimos la necesidad de un cambio paradigmático en la organización de la atención sanitaria y social (hacia un enfoque de derechos humanos y determinantes sociales, la atención domiciliaria y comunitaria, los enfoques holísticos integrados, el empoderamiento de los pacientes, etc.) y el modelo educativo de los trabajadores de la salud (vinculándolo a las características específicas de los contextos locales en cuanto a necesidades y recursos, y a un nuevo marco ético). Ambos son pilares de la transformación de los sistemas de salud hacia una sociedad post-crecimiento.
Cómo enfrentó el sistema de salud la pandemia de la COVID-19 en Italia y Perú? Como podemos mejorar nuestros sistemas de salud para responder a los desafíos actuales y futuros? Reflexionando con el Dr. Helmer Huerta en Radio y televisión peruana RPP
Después de la lectura de Misa Campesina uno de mis colegas/estudiantes del Instituto Nacional de Salud Pública de México compartiò sus recuerdos …
Tenía unos 7 años cuando en una caja arrumbada en lo que era el consultorio de mi padre, descubrí entre libros viejos y otras cosas, un casete. La curiosidad obligaba descubrir el contenido almacenado en la cinta magnética, además el descubrimiento daba oportunidad a usar la “grabadora”, recién regalada a mi familia por el gobierno del municipio, el cual había recibido como donación un tráiler cargado de electrónicos chinos, seguramente parte de algún cargamento de contrabando confiscado. La luz eléctrica recién había llegado a mi pueblo y ese cargamento significó para muchas familias, la primera grabadora, plancha eléctrica o el primer televisor (aunque ninguna señal alcanzara a llegar a esa zona de la Sierra Norte de Puebla). El casete en cuestión tenia grabado por un lado canciones de Mercedes Sosa y por el otro, canciones de Carlos Mejía y “Los de Palacagüina”, el repertorio incluía canciones como Jacinto Tiradora, Chinto Jiñocuago, Quincho Barrilete, El Cristo de Palacagüina, Creo en voz y Misa Campesina. Cuando mi padre me descubrió escuchándolo una y otra vez, solo me contó que uno de sus compañeros se lo había obsequiado en sus tiempos de estudio en la UNAM, no me contó más y toda mi infancia crecí escuchando esa cinta, pensando que Carlos Mejía y su grupo eran mexicanos hasta que ya inmerso en el movimiento estudiantil en mis estudios en Puebla, descubrí el origen revolucionario de sus canciones y la verdadera nacionalidad. La confusión inicial surgió debido a que sus canciones hablaban de todas las cosas que me rodeaban y por otro lado reflejaban muchos de los valores de mi familia y su catolicismo, profundamente solidario. Tiempo después descubriría que tenía muchos más vínculos y cosas en común con compañeros que crecieron en el campo en Nicaragua, El Salvador o en Ecuador, que con mis compañeros de clase media nacidos en la Ciudad de México o Puebla. Te cuento eso, porque como estos recuerdos, la lectura de tu libro me regalo tantas y tan variadas remembranzas, que me detendré a contarte sobre eso, cosa que es para mí más importante, que darte una crítica literaria que sería inexacta y precaria.
Disfrute mucho la lectura de tus historias, casi todas ellas de una u otra forma, cercanas a profundos pasajes de mi vida. Tu transito por Nicaragua me recordó mucho la vida del compañero comandante Gaspar García, cuando te leía, cruzó por muchos momentos pasajes de la biografía de ese hombre humilde, amoroso y enérgico, resuelto a dar su vida por los pobres de cualquier parte del mundo, por cosas de la vida, esos pobres fueron los campesinos de Nicaragua, pero pudieron haber sido de cualquier parte del mundo.
Así fue que tus relatos congregaron al mismo tiempo, momentos de mi infancia en esa apartada región del norte de Puebla, las casa de tablas, los tiempos sin carretera ni luz eléctrica, la terrible pobreza, sobre todo de los indígenas totonacos que eran cerca del 80% de la población, las precarias condiciones de vida de la mayor parte de las personas, la labor de médico de mi padre en esas condiciones, pero también disfrutaba los relatos desde la perspectiva de estudiante de medicina, desde mis años en brigadas de voluntarios a comunidades como las que relatas y mi año de servicio social. En ese entonces estaba enamoro de la clínica, me apasionaba poder poner en practica mis limitados conocimientos para ayudar a personas de los pueblos que eran como el pueblo en que nací y crecí, cuando podía darle remedio a una enfermedad a algunos de los niños o niñas de esos pueblos, era como darle alivio a los amigos con los que jugaba en la primaria; pero que impotencia era saber que por mucho que me afanara en los conocimientos sobre clínica, nada mejoraría a largo plazo sin trabajos menos fatigosos, sin salarios de hambre, sin mejorar esas casas que no servían de refugio ni del frio, ni del agua, ni del viento, sin mejores oportunidades para alimentarse. Por esos tiempos mi madre me regalaba un disco titulado “Abril en Managua”, era el concierto en solidaridad ante la amenaza de una invasión estadounidense. Pronto las lecturas de clínica y nosología se fueron mezclando con las lecturas de economía política, marxismo, historia de México (y también de Nicaragua). En el movimiento estudiantil marxista encontré argumentos para entender y encausar las frustraciones de una formación médica distante de los problemas de mi país. Así fue como abandoné la intención de hacer una especialidad clínica y opté por la salud pública y así fue también que me comencé a formar políticamente y a participar en organizaciones de izquierda. En México eso es peligroso, en ese entonces mucho más peligroso que ahora, por eso mi madre siempre trató vanamente de alejarme de la participación política y la organización popular, cosa que contradecía los valores cristianos que creo, yo había tomado demasiado enserio.
Escribes sobre algo que hasta el momento no tolero, algo que me es difícil de tramitar emocionalmente y es el enojo que me provocan los colegas deshumanizados, insensibles y holgazanes frente al sufrimiento del prójimo. El desinterés por los pacientes y la mecánica burocrática con la que actúan me irrita, pese a que entiendo que las estructuras institucionales y las lógicas, condicionan en gran medida esas actitudes, nunca pude adaptarme a eso ni callarlo, lo que me ganó varias enemistades con colegas. Eduardo, admiro el tono en el que redactas esos pasajes, creo que yo sería mucho menos elegante. Por otro lado, te agradezco porque reviviste momentos de satisfacción enormes, momentos que uno atesora en la memoria como muestras de que un día uno fue útil, se ganó a pulso el pan o el café de ese día, el abrazo del campesino fue merecido, el kilo de tortillas o la servilleta bordada, como pago quedaron, daban el impulso, el respiro, la esperanza necesaria para continuar trabajando frente a las adversidades propias de quién está interesado en la salud pública. Claro que esos momentos en su gran mayoría se los debo al heroico quehacer del médico rural, en el anonimato -cómo deben ser las verdaderas obras de bondad y solidaridad- queda el quehacer del salubrista, porque nadie tiene que agradecer por la diarrea que no dio, el nene que no murió por neumonía, el embarazo que transitó sin problemas.
Como bien lo relatas, pienso que la práctica médica motivada por el amor al prójimo, en los pueblos pequeños, en los barrios, es la práctica médica por excelencia, porque los pacientes no son clientes, son personas y personas cercanas, conocidas, personas con la que entablas relaciones, afectos, incluso desafectos; en ese ambiente, las relaciones entre médico y pacientes tienen toda la carga de humanidad que puede existir, no el frio intercambio de datos de la practica hospitalaria urbana o de los consultorios destinados a expedir recetas. Estoy feliz de encontrar, a través de tu libro, tantas similitudes contigo.
Pienso que sí “Una elección es siempre una limitación”, pero también es la puerta para nuevas alternativas y estoy seguro de que, como yo, habrá muchas personas que agradecen las elecciones que has tomado, entre ellas la de escribir este libro tan henchido de enseñanzas sobre el amor que motiva el quehacer médico, sobre el compromiso social, sobre la esencia de cristianismo y de una revolución interminable, permanente.
Perdón si te aburrí con esas ideas sueltas y redactadas apresuradamente pero no quería dejar pasar la ocasión de agradecerte por los recuerdos que me evocó tu libro. Espero poder volver a conversar pronto contigo, porque además en reciprocidad, te tengo un regalo.
Se me ocurrió escanear el libro, así si se te terminan los impresos, puedes compartir el archivo PDF en un acto de autopiratería, para no perder la tradición familiar. Te anexo el archivo.
Dominique Bénard, probablemente uno de los más grandes expertos (sin duda, entre los con más experiencia) del método educativo scout, se ha dedicado desde hace mucho tiempo, tanto teóricamente como en la práctica (como consultor de asociaciones que se ocupan de educación y promoción de la juventud), a profundizar los enfoques pedagógicos cooperativos más allá del escultismo. En septiembre lanzó una nueva revista bimestral «Enfoques cooperativos» publicada en cuatro idiomas (francés, inglés, español e italiano), invitándome a editar la edición italiana. Cada número de la revista se puede comprar individualmente o se acceder a una suscripción anual (seis números).
Estoy seguro que «Enfoques cooperativos» será muy útil y estimulante para todos aquellos que trabajan, estudian o simplemente se interesan por la educación de jóvenes y adultos, la gestión de organizaciones y la participación ciudadana.