“Y también enséñenles a leer!”

El número de diciembre de la revista Approches Cooperatives, editada por mi querido amigo Dominique Bénard, está dedicado íntegramente a Paulo Freire y su pedagogía. Dominique ha querido incluir mi testimonio sobre la campaña de alfabetización llevada a cabo en Nicaragua en 1980 como una de las principales tareas de la Revolución Sandinista (posteriormente traicionada, pero esa es otra historia, que los lectores de mi «Misa Campesina» ya conocen). «¡Enseñadles también a leer!», era la recomendación de Carlos Fonseca Amador, líder e ideólogo de la Revolución, cuando, en la clandestinidad en las montañas de Nicaragua, instruía a sus compañeros sobre las acciones revolucionarias que debían emprender.

Las brigadistas del Ejército Popular de Alfabetización de Monte Grande, una de las comunidades del municipio de Terrabona, celebran con orgullo su logro el 23 de agosto de 1980. (© Eduardo Missoni)

El artículo es en frances,pero también habrá una versión en inglés y portugués. Aquí propongo una traducción al español, con la promesa de publicar la versión en inglés tan pronto como esté disponible.

“Y también enséñenles a leer!”

Mi llegada a Nicaragua para servir como médico voluntario en áreas rurales del país coincidió con el comienzo de la “Cruzada Nacional de Alfabetización”. Las escuelas iban a quedar cerradas por seis meses, y más de 95’000 jóvenes estudiantes de las escuelas secundarias y sus maestros se iban a distribuir por todo el país desde los barrios marginales hasta las más remotas aldeas rurales para enseñar a leer y escribir al 50% de la población del país que entonces vivía en el analfabetismo. Seis meses después el Ejército Popular de Alfabetización celebraba su triunfo, registrándose la reducción de la tasa de analfabetismo a menos del 13%. Para muchos de aquellos jóvenes en gran mayoría originarios de la capital y de los mayores centros urbanos fue también el primer encuentro con las realidades más pobres y desventajadas del País. En este sentido  la Cruzada fue sobre todo un proceso de concientización; viendo con sus propios ojos y compartiendo las difíciles condiciones de vida de campesinas y campesinos, la juventud podía entender la razón de la Revolución.[1]

La alfabetización había sido uno de las primeras tareas de la Revolución Sandinista, que apenas un año antes había triunfado sobre la sanguinaria dictadura somocista que por décadas había oprimido el País. Entre los antecedentes de la campaña de alfabetización, estaban las tareas alfabetizadoras del General Augusto C. Sandino, y el pensamiento inspirador del Comandante Carlos Fonseca Amador quien, cuando en los primeros días de la insurrección sus compañeros entrenaban los campesinos en la montaña, le decía: «¡Y también enséñenles a leer!». El campesinado era el sector más afectado por el analfabetismo. Desde mucho antes del triunfo, grupos de educadores integrados al proceso revolucionario, se habían planteado lo que sería una educación democrática y auténticamente liberadora en una Nicaragua Libre. Ellos eran conscientes que sobre las ruinas del somocismo había que construir los cimientos y las estructuras de una educación diametralmente opuesta a la educación alienante y de sumisión de ese período, orientada al consumo y que expertos extranjeros imponían a los docentes y educandos nacionales, según un esquema capitalista y fecundo de individualismo y ayuno de solidaridad. Una educación “bancaria” –para usar palabras de Paulo Freire– no sólo en términos pedagógicos, sino por conformarse a las necesidades de la economía y de la finanza internacional. Para los sandinistas la Revolución cultural no podía ser un hecho disjunto de la Revolución Política; para ellos alfabetizar iba a ser enseñar, concientizar, politizar  y humanizar.

            Del punto di vista pedagógico la Cruzada adoptó el método de Paulo Freire. El mismo que en una de sus varias visitas a Nicaragua aseveró “Esta revolución es una niña, linda, pura y bella, y hay que apoyarla”, convencido de la posibilidad del éxito, afirmaba:  “Con lo que van haciendo y con este método enseñarán a leer en cinco meses, lo van a conseguir.”[2] Con la convivencia entre estudiantes y campesinos se ponía en práctica la visión de Paulo Freire de una educación en la que nadie sabe todo y nadie ignora todo, sino que todos aprenden juntos mediatizados por la realidad.  

            Los jóvenes “brigadistas, guerrilleros de la alfabetización” fueron formados en los meses antecedentes el inicio de la Cruzada mediante un sistema multiplicador a cascada. Primero se prepararon 80 capacitadores en un taller de 15 días, que también comprobaron la eficacia de su capacitación en una experiencia de campo, después se capacitó un segundo equipo similar y luego acerca de 12000 maestros, que a su vez tuvieron a cargo de la capacitación de los miles de brigadistas que “Puño en alto! Libro abierto!” –como recitaba el himno de la Cruzada– se preparaban a “convertir la oscurana en claridad”, equipados de un cuaderno-cartilla de alfabetización para el uso cotidiano y de un manual con explicaciones metodológicas, orientaciones pedagógicas, organizativas y políticas.

            “No estamos pretendiendo hacer una alfabetización que no sea política” –subrayaba Sergio Ramírez Mercado, entonces miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional– “Ya es tiempo que en Nicaragua perdamos el miedo al término político, porque esta es una alfabetización política”.[3] Una alfabetización, remarcaba Ramírez,  que apuntaba a despertar en los campesinos y las clases más postergadas de Nicaragua las motivaciones sociales-políticas que les permitiera incorporarse al proceso revolucionario tanto del punto de vista productivo, como desde el punto de vista cultural y social.

            En el cuaderno de orientaciones para el alfabetizador estaba escrito: “Debemos aclarar que estaremos frente a una nueva lucha. La labor de alfabetización se desarrollará en una casa de familia, una iglesia, una enramada, un corredor, en cualquier lugar. No debemos considerarnos como los maestros que todo lo sabemos, los alfabetizandos non serán los ignorantes que nada saben y llegan a aprender. Seremos motivadores del proceso de enseñanza-aprendizaje, los alfabetizandos son personas que piensan, que crean, que expresan sus ideas, que tienen conocimiento. En esta epopeya aprenderemos todos”.[4] El cuaderno de alfabetización, no iban a ser instrumentos rígidos, sin permitir ninguna creatividad, sino motivarán las discusiones, las alternativas y las proposiciones.

            El programa se basó en 23 temas ligados todos al proceso revolucionario, desde las ideas y propuestas de los héroes de la Revolución, a los proyectos de transformación social, de la vivienda, de la salud, de la educación, y hasta de política internacional. Para cada uno de estos temas se utilizó una fotografía que expresara de forma visual algunos elementos fundamentales del tema y que serviría para crear lo que en el método de Paulo Freire se llama la “etapa psico-social”. Presentando la imagen al grupo de alfabetizandos el capacitador promovía un diálogo alrededor del tema que la imagen sugería, para que grupalmente se expresara la lectura de la realidad y el grupo reflexionara sobre su proceso de liberación.  Después de esta primera etapa analítica, política, oral y psico-social, se pasaba a un segundo momento de síntesis, en el cual se extraía una frase que de alguna forma condensara algunos de los elementos fundamentales del tema, proporcionando al mismo tiempo los elementos necesarios para el aprendizaje de la lecto-escritura. Por ejemplo en las palabras “La Revolución” se encuentran las cinco vocales que se utilizarían en la primera lección. Finalmente, a partir de las letras y sílabas aprendidas el grupo alfabetizando construiría nuevos elementos de acuerdo a su propria creatividad.[5]

            También en Terrabona, el pueblo donde desempeñaba mi labor de médico, el 23 de agosto de 1980 se celebró la victoria sobre el analfabetismo, así lo recuerdo en mi libro “Misa Campesina”:

La cosecha de los frijoles estaba andando bien. Las plantitas, arrancadas de la tierra con todas sus raíces y agrupadas en el centro del campo, se habían secado al sol. Ahora los campesinos golpeaban con  palos los pequeños montoncitos, recogiendo en un telón los frijoles que saltaban fuera de sus vainas. Esos frijoles constituían el alimento base de la población local y de algún mal aventurado voluntario italiano.

La “cruzada” de alfabetización también había tenido buenos resultados y los estudiantes, después de seis meses en la montaña como maestros, ahora estaban volviendo a la ciudad. En Terrabona había sido organizada una gran fiesta final. Una vez más las brigadas de alfabetización desfilaron por las calles de la ciudad; cada una encabezada por un cartelón o por un gran cartel con el nombre de la comunidad en donde habían prestado su servicio. Los brigadistas entraron al pueblo cantando y gritando consignas, sus cotonas grises completamente descoloridas. Para muchos estudiantes de la ciudad la alfabetización había sido la primera ocasión para descubrir otra parte, tan distinta, de su país. Un mundo que en ciertos ambientes se prefería conocer sólo a través de imágenes folklóricas. Muchas familias acomodadas no habían permitido a sus hijos participar en aquella movilización nacional.

La plaza que estaba delante de la iglesia se llenó de muchachas y muchachos.

« ¡Puño en alto; libro abierto!» El grito resonaba en todo el pueblo.

El sagrario de la iglesia del padre Jorge, volvió a ser la tribuna de honor del acto político cultural, con el ir y venir de los discursos de los responsables locales de la cruzada, junto a sencillas representaciones teatrales. Incluso Toño – el coordinador de la Junta de Terrabona – tomó la palabra y aprovechando la ocasión comunicó el nombramiento de Salomé – mi amigo de El Rincón – como miembro de la Junta en representación del área rural. La música continuó  hasta muy tarde en la noche.

« ¡Terrabona: territorio liberado del analfabetismo!» Tal vez no completamente. Aquellos porcentajes – que a nivel nacional sumaban un extraordinario e improbable 12% residual de población analfabeta – a veces no eran del todo confiables. Muchos brigadistas sintieron la fuerte tentación de mostrar resultados mejores de aquellos efectivamente obtenidos en su  trabajo de alfabetización. En un concurso de orgullo, sin embargo sin ningún premio en juego, a veces habían cerrado un ojo al llegar el momento de evaluar los resultados de las pruebas finales de sus alumnos. Lo cierto es que tuve que continuar recetando remedios usando dibujitos apropiados.

Pero, también era cierto que, esos ochenta mil jóvenes relegados por cinco meses en la montaña con los campesinos, representaban un signo tangible de la voluntad de cambio.

Lamentablemente, incluso la Cruzada de Alfabetización tuvo sus mártires. El asesinato de Georgino Andrade, el primer alfabetizador asesinado por los contra, indicó que había quiénes no apreciaban para nada el cambio. La ex guardia nacional somocista se estaba reorganizando en bandas armadas, las cuales muy pronto encontrarían  en el nuevo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, su principal apoyo.

Algunas familias campesinas que habían hospedado a esos muchachos en sus casas por todo ese período, los quisieron acompañar hasta Terrabona; al momento de la despedida la conmoción era muy grande. Los brigadistas dejaban en aquellas montañas padres, hermanas y hermanos adoptivos.[6]

La Cruzada Nacional de Alfabetización y el proceso revolucionario nicaragüenses fueron también para mí una gran lección de vida, hasta hoy cuando entro en clase como docente le propongo a los estudiantes de ser también mis enseñantes, para que juntos analicemos críticamente la realidad, juntos aprendamos y juntos busquemos el camino para construir un mundo mejor.


[1] Véase también: Nicaragua triunfa en la alfabetización. Documento y Testimonios de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Ministerio de Educación. República de Nicaragua- Departamento Ecuménico de Investigaciones, San José, Costa Rica, 1981.

[2] Manuel Lucero, 23 de marzo de 1980: alfabetizar para liberar. Diario Barricada, 23 marzo, 2023

[3] Sergio Ramirez Mercado, Entrevistas y opiniones. Encuentro. Revista Universidad Centroamericana, 16, 1980, pp. 64-65.

[4] Cuaderno de educación sandinista. Orientaciones para el alfabetizador, Ministerio de Educación, Republica de Nicaragua, 1980

[5] El Método, Encuentro Revista Universidad Centroamericana, 16, 1980, p. 26.

[6] Eduardo Missoni, Misa Campesina. Un médico italiano en la Nicaragua revolucionaria. Bubok publishing, 2011

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Mi Pesebre. Santa Navidad 2024

Este año he vuelto a montar el Pesebre con las mismas figuras de yeso con las que lo montaba de niño. Cuando coloqué al Niño «envuelto en pañales, acostado en un pesebre», sentí frío, el frío de la Humanidad abrumada por el odio y la violencia del poder y del dinero. El frío de la guerra, de todas las guerras. El frío de la Naturaleza ultrajada y saqueada. El frío del sufrimiento. Entonces cobijé al Niño con una manta de solidaridad con su tierra y su pueblo, hoy sin embargo símbolo de solidaridad con toda la Humanidad que sufre. Ese Niño nacido pobre en Palestina ayer como hoy, nos pide paz y justicia.

Paz para la humanidad, Paz con la Naturaleza, Paz en nuestros corazones.

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Diálogo sobre el Escultismo. Pedagogía y organización

Eduardo Missoni y Dominique Bénard

Con Dominique Bénard, podemos anunciar con orgullo la publicación de nuestro libro “Diálogos sobre el Escultismo” ¡ahora también en español! (Seguirá las versión en papel y la versión en francés).

La idea del libro surgió durante una excursión por los Alpes de Chablais, cerca de donde vive Dominique, en los Alpes franceses. Hablamos de las pocas referencias al Método Scout en los libros de pedagogía y de la relativa falta de conocimiento e interacción con otros métodos pedagógicos en el Escultismo. A partir de esta conversación y de otras reflexiones sobre el contexto organizativo del Escultismo y sobre cómo las organizaciones pueden servir mejor a su misión y a los valores sobre los que se fundaron, entablamos un diálogo escrito sobre nuestra experiencia en el Escultismo y su impacto en nuestro desarrollo personal y profesional. Más tarde decidimos organizar estas reflexiones en un libro.

¡Puedes comprar el libro en versión electrónica aqui !

Esperamos sus comentarios y, con suerte, un animado debate en muchos grupos Scouts y Asociaciones Nacionales .

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Misa Campesina. Un médico italiano en la Nicaragua revolucionaria

Tercera edición en italiano a partir de octubre en las librerías.

La primera edición en español aqui

Una reinterpretación de su experiencia como médico en los primeros años de la revolución sandinista, que adquiere nueva relevancia en un momento de la historia en el que Nicaragua vuelve a vivir bajo el terror de la dictadura y a sufrir la represión del nuevo régimen dirigido por quienes en aquellos apasionantes años habían guiado el proceso revolucionario, para luego traicionar la ética revolucionaria y con ella a miles de jóvenes que llegaron de todo el mundo a echar una mano en la construcción de la utopía.

El libro transmite un mensaje: “Es posible emprender nuevos caminos, pero debemos estar preparados individual y colectivamente para enfrentarnos a obstáculos, traiciones y derrotas. Pero siempre dispuestos a volver a empezar sin perder de vista el objetivo que da sentido al camino recorrido y al que nos queda por delante. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Prepárate para una lectura fascinante.

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Covid, moratoria para la vacuna en los niños

Más de un millar de profesionales de la salud se han sumado a la moratoria promovida por las asociaciones de la Red Sostenibilidad y Salud (RSS) -de la que forma parte la asociación saluteglobale.it de la cual soy miembro – pidiendo que no se ponga en marcha la vacunación anti-Covid para los niños. El llamado de la RSS sigue a otros similares de 93 médicos israelíes y 40 investigadores del Reino Unido.

En una entrevista al periódico ilFattoQuotidiano.it publicada el 26 de mayo he explicado por qué no se debe proceder a la vacunación anti-Covid-19 de los niños.

En la entrevista antes que todo recordé que cuando atendí a la población de Nicaragua -como médico voluntario en la cooperación internacional- también participé en campañas de vacunación (en la foto) y más tarde, como funcionario de Unicef promoví la vacunación infantil con esa organización. Así que cualquier sospecha de que yo pueda ser genéricamente un “no-vax” debe ser inmediatamente disipada.

Lo mismo se aplica a la Red de Sostenibilidad y Salud. Más que no-vax nos interesa examinar con rigor científico las principales cuestiones de salud pública: si acaso, en relación a las vacunas somos Info-vax.

Pedimos un debate científico abierto y libre, que actualmente está reprimido. Nos encontramos ante una actitud dogmática y unilateral con mucha ciencia que por diferentes motivos (¿narcisismo? ¿Conveniencia? ¿Carrera?) aparece de diferentes maneras asociada a la política (y quizás no sólo a la política, dados los múltiples conflictos de intereses que se individuan si se van a examinar las publicaciones científicas sobre ensayos de vacunas).

En cambio, debemos aprovechar la oportunidad, como nos dice Edgar Morin, “para comprender que la ciencia no tiene un repertorio de verdades absolutas” y que “las controversias, lejos de ser anomalías, son necesarias para el progreso de la ciencia”.

La RSS y los firmantes de la Moratoria piden que no se vacune a los niños por al menos tres razones:

Los niños tienen un riesgo mínimo de Covid, a partir de los 18 años el riesgo para los más pequeños es insignificante. Los datos del Istituto Superiore di Sanità (el Instituto nacional de salud píublica italiano) también lo demuestran.

– También sabemos que la vacuna protege de la enfermedad a quienes la reciben, y reduce pero no evita la infección y la posibilidad de infectar a otros.

– Los niños no son una fuente de contagio significativa para los adultos, es especialmente cierto lo contrario.

No son pocas las incógnitas sobre las vacunas Covid. Si se puede justificar la vacunación de las categorías de mayor riesgo, no se puede justificar la vacunación de masa y menos en edad pediátrica.

El riesgo de contraer Covid19 en los niños es decididamente reducido -como nos muestran las curvas epidémicas- frente a potenciales riesgos desconocidos, a largo plazo o a gran escala, derivados de la inoculación de productos transgénicos (además introducidos en el mercado sin haber completado la fase 3 de experimentación) en el organismo de los niños, que evoluciona rápidamente. El principio de precaución es más importante que nunca en la infancia.

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Santa Navidad 2020

Dos pesebres hechos a mano. Uno hecho de lata cortada y coloreado, mexicano, el otro tallado en madera, de Ruanda. Ambos hechos a mano por manos infantiles, con las flores que he recogido hoy para adornarlos. Nos recuerdan el verdadero espíritu y mensaje de la Santa Navidad del Cristianismo: simplicidad, esencialidad, solidaridad que expresa el amor a la humanidad – no genérico, sino concreto, diario, expresado en cada persona – y respeto a la Madre Tierra. Los ingredientes fundamentales de nuestra salvación. Que entonces son universales, no pertenecen sólo a la Navidad cristiana, son los valores del Renacer en cualquier cultura.

¡Deseo a todas y todos una serena y santa Navidad!

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Servicios de salud en el territorio

por Eduardo Missoni

En la lucha contra la epidemia de la CO- VID-19 el principal objetivo ha sido “aplanar la curva”, o sea, evitar que la concentración de enfermos que requieren hospitalización y cuidados intensivos rebase la capacidad de las infraestructuras hospitalarias existentes. A pesar de la conversión de muchos hospitales en estructuras dedicadas específicamente al tra- tamiento de pacientes afectados por COVID-19 y el rápido levantamiento de nuevas instalaciones, el nivel hospitalario del sistema de salud finalmente ha sufrido un desborde; muchos hospitales se han convertido en focos de contagio alejando de la atención médica a importantes grupos de pacientes crónicos y quirúrgicos. La experiencia sugiere que centrando la respuesta en el primer nivel de atención y el aislamiento precoz de los contagios a nivel de la comunidad, se logra reducir la sobrecarga de los hospitales y la mortalidad.

En la mayoría de los países de América Latina y el Caribe la salud es reconocida como un derecho constitucional; sin embargo, a estos enunciados no corresponde siempre una efectiva prioridad asignada al sector salud.

Con pocas excepciones, la prioridad atribuida a la salud y a sus determinantes, así como el gasto público en salud, ha sido persistentemente baja. Las políticas públicas neoliberales de austeridad, recortes presupuestarios y privatizaciones han limitado sistemáticamente el desarrollo de sistemas públicos de salud y protección social, incrementando las desigualdades y obstaculizando la solución de problemas históricos que la pandemia está poniendo al descubierto y agudizando.

Entre otras falencias que reducen la capacidad de los sistemas de salud de responder a las necesidades de la población frente a las grandes emergencias de salud pública sobresalen la fragmentación y segmentación del sector, su inadecuada rectoría y una débil articulación con otros sectores. Los recursos humanos en salud son insuficientes y su preparación raramente responde a las realidades socioeconómicas y culturales de los países. Hay profundas inequidades en su disponibilidad entre los niveles de atención, entre los sectores público y privado y entre áreas urbanas y rurales. La precariedad en las condiciones de trabajo y los escasos incentivos han impedido la expansión de los servicios, sobre todo de atención primaria, fomentado además la migración del personal de sanitario.

La diversidad de los sistemas de salud y protección social de América Latina se ha reflejado también en la respuesta de los países frente a la emergencia. Análisis llevados a cabo en la región, buscando también retener lecciones aprendidas en Europa, han evidenciado que la eficacia de la respuesta depende de la capacidad de los sistemas de salud para actuar de manera unitaria y coordinada, de acuerdo con planes nacionales de alcance sistémico.

En América Latina los países que mejor respondieron a la pandemia fueron aquellos con sistemas de salud públicos, universales y con un buen primer nivel de atención, dotados de los recursos humanos y suministros necesarios, y que fueron capaces de una respuesta unitaria e integral, convocando a todos los actores de la sociedad, con una sólida estrategia comunica- cional coherente hacia la población, como en los casos paradigmáticos de Cuba y Uruguay. Tener una población bien informada y con adecuada protección social permitió una cuarentena prolongada y efectiva en el control de la epidemia.

No fue el caso de Brasil, que, aunque tenga un sistema nacional de salud con un acceso universal, integral y gratuito, no implementó una respuesta coordinada de la salud pública. La población recibió mensajes contradictorios, lo que afectó los niveles de cumplimiento y la capacidad del país para contener la propagación del virus.

Tres esferas estratégicas a mediano y largo plazo han sido identificadas para la recupera- ción de los sistemas sanitarios y la construc- ción de sociedades humanas que prioricen la salud: 1) promover la cohesión social y una economía inclusiva y sostenible; 2) priorizar la inversión en salud y el desarrollo social y 3) transformar y fortalecer los sistemas de salud para garantizar la preparación frente a las ame- nazas externas y asegurar el acceso universal a la sanidad.

Transversal a esas líneas estratégicas es la acción sobre los determinantes de la salud. La efectiva sostenibilidad de los objetivos de desarrollo y de los sistemas sanitarios requiere, entre otros, de un drástico cambio del actual modelo de consumos, a partir del sistema alimentario y de producción. Las políticas nacionales y globales deben priorizar la salud sobre los indicadores económicos, asegurando la re- gulación del mercado para reducir la exposición de la población a toda clase de contaminantes ambientales y favorecer una alimentación y estilos de vida sanos. Es indispensable reducir la incidencia de enfermedades crónicas, que por un lado sobrecargan los sistemas de salud y, por otro, son un cofactor de elevada mortalidad en epidemias.

Sin menoscabar la importancia de los servicios hospitalarios y de cuidados intensivos en los casos de pacientes muy graves, para que los servicios de salud estén en grado de enfrentar riesgos como epidemias, mucho dependerá del trabajo en las comunidades locales y del primer nivel de atención.

Se necesita urgentemente pasar de los modelos de atención centrados en el paciente a un enfoque de sistema comunitario, con un énfasis específico en la atención domiciliaria. Frente a brotes epidémicos la regla es el rastreo proactivo de potenciales positivos y sus contactos, asegurando la cuarentena de los que resulten positivos, enfatizando el diagnóstico y el cuidado en casa. Naturalmente para eso es indispensable reorientar y privilegiar la formación del personal de salud hacia la atención primaria y fortalecer ese nivel de atención.

Es a nivel del territorio que los servicios de salud se articulan mejor con las demás instituciones y actores sociales, creando espacios de consenso, alistando reservas estratégicas de insumos (por ejemplo cubre-bocas y otros equipos de protección personal), asegurando la eficacia de la estrategia comunicacional. Es también a nivel del territorio que se construye la integralidad de la respuesta, con la organización de las comunidades alrededor de objetivos de economía solidaria, de la valorización de los recursos y competencias locales, de educación y de servicios sociales que valoricen la salud como bien común, para construir ambientes y comportamientos saludables. La organización y la participación comunitaria representan desde siempre la base de la preparación a las emergencias y la premisa de una respuesta eficaz.

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Trabajadores de la salud y sistemas sostenibles para la salud en una sociedad de post-crecimiento (Abstract)

La Agenda 2030 firmada por los Jefes de Estado y de Gobierno en 2015 estableció 17 objetivos de desarrollo sostenible indivisibles y universales y 169 metas. Entre otras cosas, la Agenda 2030 propone lograr un “crecimiento sostenible, inclusivo y sostenido” (ODS 8), de hecho un oxímoron debido a los “límites del crecimiento” en un ecosistema finito.

El ODS 3, “Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos en todas las edades”, incluía, entre otras, la meta “3.8: lograr la cobertura sanitaria universal”.

Además de representar una regresión sustancial con respecto a la estrategia original de la OMS de atención primaria de la salud (APS), en la que se abordaban, entre otros, los determinantes sociales y económicos de la salud, se considera que la meta de la APS y el ODS3 son inalcanzables debido al constante aumento de la demanda, por un lado, y a la inadecuada oferta de servicios de salud, por otro, ambos determinados en gran medida por factores ajenos al sector de la salud y vinculados al actual modelo hegemónico de desarrollo definido por un insostenible crecimiento.

Centrándonos en el modelo de atención de la salud y la generación de sus recursos humanos, destacamos cómo ambos se mantuvieron en su mayor parte anclados en modelos estandarizados y, hoy en día, globalizados, centrados en los hospitales biomédicos, que son inadecuados para satisfacer las necesidades y expectativas de salud de la población.

A continuación, sugerimos la necesidad de un cambio paradigmático en la organización de la atención sanitaria y social (hacia un enfoque de derechos humanos y determinantes sociales, la atención domiciliaria y comunitaria, los enfoques holísticos integrados, el empoderamiento de los pacientes, etc.) y el modelo educativo de los trabajadores de la salud (vinculándolo a las características específicas de los contextos locales en cuanto a necesidades y recursos, y a un nuevo marco ético). Ambos son pilares de la transformación de los sistemas de salud hacia una sociedad post-crecimiento.

Aqui encuentras el artículo completo en inglés

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Peru-Italia reflexiones sobre sistemas de salud e impacto de la pandemia Covid-19 en RPP del Peru

Cómo enfrentó el sistema de salud la pandemia de la COVID-19 en Italia y Perú? Como podemos mejorar nuestros sistemas de salud para responder a los desafíos actuales y futuros? Reflexionando con el Dr. Helmer Huerta en Radio y televisión peruana RPP

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Gracias por los recuerdos

por Edmundo Morales, médico de salud pública

Waslala, Hospital Fidel Ventura 1983

Después de la lectura de Misa Campesina uno de mis colegas/estudiantes del Instituto Nacional de Salud Pública de México compartiò sus recuerdos …

Tenía unos 7 años cuando en una caja arrumbada en lo que era el consultorio de mi padre, descubrí entre libros viejos y otras cosas, un casete. La curiosidad obligaba descubrir el contenido almacenado en la cinta magnética, además el descubrimiento daba oportunidad a usar la “grabadora”, recién regalada a mi familia por el gobierno del municipio, el cual había recibido como donación un tráiler cargado de electrónicos chinos, seguramente parte de algún cargamento de contrabando confiscado. La luz eléctrica recién había llegado a mi pueblo y ese cargamento significó para muchas familias, la primera grabadora, plancha eléctrica o el primer televisor (aunque ninguna señal alcanzara a llegar a esa zona de la Sierra Norte de Puebla). El casete en cuestión tenia grabado por un lado canciones de Mercedes Sosa y por el otro, canciones de Carlos Mejía y “Los de Palacagüina”, el repertorio incluía canciones como Jacinto Tiradora, Chinto Jiñocuago, Quincho Barrilete, El Cristo de Palacagüina, Creo en voz y Misa Campesina. Cuando mi padre me descubrió escuchándolo una y otra vez, solo me contó que uno de sus compañeros se lo había obsequiado en sus tiempos de estudio en la UNAM, no me contó más y toda mi infancia crecí escuchando esa cinta, pensando que Carlos Mejía y su grupo eran mexicanos hasta que ya inmerso en el movimiento estudiantil en mis estudios en Puebla, descubrí el origen revolucionario de sus canciones y la verdadera nacionalidad. La confusión inicial surgió debido a que sus canciones hablaban de todas las cosas que me rodeaban y por otro lado reflejaban muchos de los valores de mi familia y su catolicismo, profundamente solidario. Tiempo después descubriría que tenía muchos más vínculos y cosas en común con compañeros que crecieron en el campo en Nicaragua, El Salvador o en Ecuador, que con mis compañeros de clase media nacidos en la Ciudad de México o Puebla. Te cuento eso, porque como estos recuerdos, la lectura de tu libro me regalo tantas y tan variadas remembranzas, que me detendré a contarte sobre eso, cosa que es para mí más importante, que darte una crítica literaria que sería inexacta y precaria. 

Disfrute mucho la lectura de tus historias, casi todas ellas de una u otra forma, cercanas a profundos pasajes de mi vida. Tu transito por Nicaragua me recordó mucho la vida del compañero comandante Gaspar García, cuando te leía, cruzó por muchos momentos pasajes de la biografía de ese hombre humilde, amoroso y enérgico, resuelto a dar su vida por los pobres de cualquier parte del mundo, por cosas de la vida, esos pobres fueron los campesinos de Nicaragua, pero pudieron haber sido de cualquier parte del mundo.

Así fue que tus relatos congregaron al mismo tiempo, momentos de mi infancia en esa apartada región del norte de Puebla, las casa de tablas, los tiempos sin carretera ni luz eléctrica, la terrible pobreza, sobre todo de los indígenas totonacos que eran cerca del 80% de la población, las precarias condiciones de vida de la mayor parte de las personas, la labor de médico de mi padre en esas condiciones, pero también disfrutaba los relatos desde la perspectiva de estudiante de medicina, desde mis años en brigadas de voluntarios a comunidades como las que relatas y mi año de servicio social. En ese entonces estaba enamoro de la clínica, me apasionaba poder poner en practica mis limitados conocimientos para ayudar a personas de los pueblos que eran como el pueblo en que nací y crecí, cuando podía darle remedio a una enfermedad a algunos de los niños o niñas de esos pueblos, era como darle alivio a los amigos con los que jugaba en la primaria; pero que impotencia era saber que por mucho que me afanara en los conocimientos sobre clínica, nada mejoraría a largo plazo sin trabajos menos fatigosos, sin salarios de hambre, sin mejorar esas casas que no servían de refugio ni del frio, ni del agua, ni del viento, sin mejores oportunidades para alimentarse. Por esos tiempos mi madre me regalaba un disco titulado “Abril en Managua”, era el concierto en solidaridad ante la amenaza de una invasión estadounidense.  Pronto las lecturas de clínica y nosología se fueron mezclando con las lecturas de economía política, marxismo, historia de México (y también de Nicaragua). En el movimiento estudiantil marxista encontré argumentos para entender y encausar las frustraciones de una formación médica distante de los problemas de mi país. Así fue como abandoné la intención de hacer una especialidad clínica y opté por la salud pública y así fue también que me comencé a formar políticamente y a participar en organizaciones de izquierda. En México eso es peligroso, en ese entonces mucho más peligroso que ahora, por eso mi madre siempre trató vanamente de alejarme de la participación política y la organización popular, cosa que contradecía los valores cristianos que creo, yo había tomado demasiado enserio. 

Escribes sobre algo que hasta el momento no tolero, algo que me es difícil de tramitar emocionalmente y es el enojo que me provocan los colegas deshumanizados, insensibles y holgazanes frente al sufrimiento del prójimo. El desinterés por los pacientes y la mecánica burocrática con la que actúan me irrita, pese a que entiendo que las estructuras institucionales y las lógicas, condicionan en gran medida esas actitudes, nunca pude adaptarme a eso ni callarlo, lo que me ganó varias enemistades con colegas. Eduardo, admiro el tono en el que redactas esos pasajes, creo que yo sería mucho menos elegante. Por otro lado, te agradezco porque reviviste momentos de satisfacción enormes, momentos que uno atesora en la memoria como muestras de que un día uno fue útil, se ganó a pulso el pan o el café de ese día, el abrazo del campesino fue merecido, el kilo de tortillas o la servilleta bordada, como pago quedaron, daban el impulso, el respiro, la esperanza necesaria para continuar trabajando frente a las adversidades propias de quién está interesado en la salud pública.  Claro que esos momentos en su gran mayoría se los debo al heroico quehacer del médico rural, en el anonimato -cómo deben ser las verdaderas obras de bondad y solidaridad- queda el quehacer del salubrista, porque nadie tiene que agradecer por la diarrea que no dio, el nene que no murió por neumonía, el embarazo que transitó sin problemas. 

Como bien lo relatas, pienso que la práctica médica motivada por el amor al prójimo, en los pueblos pequeños, en los barrios, es la práctica médica por excelencia, porque los pacientes no son clientes, son personas y personas cercanas, conocidas, personas con la que entablas relaciones, afectos, incluso desafectos; en ese ambiente, las relaciones entre médico y pacientes tienen toda la carga de humanidad que puede existir, no el frio intercambio de datos de la practica hospitalaria urbana o de los consultorios destinados a expedir recetas. Estoy feliz de encontrar, a través de tu libro, tantas similitudes contigo. 

Pienso que sí “Una elección es siempre una limitación”, pero también es la puerta para nuevas alternativas y estoy seguro de que, como yo, habrá muchas personas que agradecen las elecciones que has tomado, entre ellas la de escribir este libro tan henchido de enseñanzas sobre el amor que motiva el quehacer médico, sobre el compromiso social, sobre la esencia de cristianismo y de una revolución interminable, permanente. 

Perdón si te aburrí con esas ideas sueltas y redactadas apresuradamente pero no quería dejar pasar la ocasión de agradecerte por los recuerdos que me evocó tu libro. Espero poder volver a conversar pronto contigo, porque además en reciprocidad, te tengo un regalo. 

Se me ocurrió escanear el libro, así si se te terminan los impresos, puedes compartir el archivo PDF en un acto de autopiratería, para no perder la tradición familiar. Te anexo el archivo.

Abrazos compañero. 

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